Este artículo aborda algunas de las transformaciones de los procesos de subjetivación on-off line en tiempos de videojuegos y series on line. Nuevas sensibilidades, corporalidades asociadas a tiempos y espacios que no son los que habitamos en la modernidad, generan hoy síntomas nuevos como el cansancio, la hiperactividad, la atención dispersa entre otros. Medicalización y diagnósticos de autismo, asperger y TGD circulan en las escuelas y en los consultorios cada vez más, sin comprender las transformaciones contemporáneas de los cuerpos asociados a un contexto más amplio
Las últimas investigaciones que realizamos en el campo educativo nos muestran que los chicos se quedaban dormidos en clase porque estuvieron toda la noche pasando niveles en el Fortnite o Free fire, League of Leagends, Plantas Vs. Zombies. De estos trabajos de campo observamos que en esos videojuegos, quien deja de jugar, es decir, hace una pausa en el juego, pierde energía o la vida. También es posible que a quien interrumpe el juego, lo excluyan de su clan o equipo. Esto se juega on line, conectados a internet y sin interrupción, con un nuevo modo de juego llamado Batalla real donde todos juegan contra todos, y gana el último que sobrevive.
La ritualidad establecida en la vida cotidiana de las nuevas generaciones se consolida mirando series hasta el infinito o jugando on line, hasta el número gúgul que tiene tantos ceros hasta que el cuerpo se cansa.
En términos de lo que fue pensado como sujeto cartesiano moderno, estas nuevas subjetividades producidas por un nuevo espíritu del capitalismo estarían siendo convocadas a un modo de ser al extremo. La sensibilidad que produce habitar un espacio abstracto numérico digital no tiene registro de la muerte, del dolor, ni de la finitud, más relacionadas con el estar siendo del cuerpo orgánico. Por otro lado, cualquier vulnerabilidad o fragilidad se suple con la compra de más vida o energía a través de tarjetas de crédito.
Estos espacios simulados, tienen la potencia de crear mundos tales como los que habitamos en los espacios físicos y construir otros nuevos.
Siempre a condición de que el cuerpo carnal, que está afuera, conectado a una interface, recargue energías y se detenga en algún momento para sostener una duración de movimiento y reposo.
Estos nuevos modos de estar en la continuidad on-off line demandan un cuerpo post-orgánico es decir, un cuerpo intervenido con tecnología que supla la finitud y el desgaste propio de lo orgánico.
En tanto modos de pensar, la creencia de que “todo es posible” y “a mi gusto” en ese estar sin interrupción en la red, probablemente esté transformando el sentido común de las nuevas generaciones legitimando ese gasto ilimitado y sin pausa por voluntad propia.
Prestar atención y nuevos derechos
Cuando pensamos hoy en las nuevas generaciones lo hacemos en relación a las ideas de infancias y juventudes que tuvimos en la modernidad. Creemos, sin dudar, que lo mejor es concebirlas como sujetos de derecho. Cumplimos con lo políticamente correcto cuando defendemos el acceso a las necesidades de alimentación, de educación, de vivienda, de salud y, a medida que avanzó el siglo 20, sumamos los estandartes del derecho al juego, del derecho a la participación, del derecho a una educación sexual integral. Con estas certidumbres construidas por el sentido común del siglo 20, habitamos hoy la vida cotidiana del siglo 21. Sin embargo, los derechos humanos, de los jóvenes y de los niñxs, protegen a la persona de cuerpo físico carnal y no a sus metadatos que circulan en los espacios digitales. Y acá es donde surge uno de los problemas que nos convocan a pensar los cuerpos cyborgs hoy, esos que habitan una continuidad on-off line.
Una parte de esos cuerpos vive en territorios regulados por el sistema de derecho, otra parte habita espacios virtuales de excepción que no están regulados por el sistema de derecho.
Cuando las nuevas generaciones conectadas a todo tipo de interfaces que no son la piel, nos piden, sin mirarnos, más tiempo libre para seguir jugando con la Play, mirando Youtube o el celu…
Procesos de subjetivación, nuevos modos de estar y de ser en el mundo
La propuesta para reflexionar juntos las transformaciones de la sensibilidad contemporánea, consiste en pensar a la tecnología digital como una nueva tecnicidad y no de manera instrumental. Una tecnicidad quiere decir que algún nuevo dispositivo aparece en un momento histórico determinado, en medio de transformaciones culturales que habilitan nuevos procesos de subjetivación, o lo que es lo mismo, promueven nuevos modos de ser y de estar en el mundo. Decimos con esto que, en este caso:
Los dispositivos digitales interactivos, tienen la potencialidad de interpelar a través de diferentes discursos de la cultura digital, a las nuevas generaciones proponiendo modos de comportamiento, formas de encarnar los cuerpos, modos de habitar tiempos y espacios que no son los de la modernidad.
Nuevas formas de socialidad. Y si bien, las pantallas proponen algunos modelos posibles de habitar el mundo, también los cuerpos de hoy entablan todo tipo de diálogos donde intervienen resistencias, concesiones, negociaciones, según los contextos de la vida cotidiana y las experiencias singulares y colectivas.
Medicalización y más fuerza
En el trabajo de campo que hacemos con las nuevas generaciones surgen nuevas categorizaciones de la alopatía y psiquiatría sobre depresión, atención dispersa, autismo y asperger, que pasan de ser capacidades diferentes a convertirse en lo común. Estados Unidos comenzó a medicar a los niños con Ritalil y España con Concert para que encuadraran en el espacio-tiempo de la escuela moderna en transformación. La pregunta por la potencia no entra en el momento en que la pregunta por la falta irrumpe en los diagnósticos. La comida re-energizante o con suplementos proteicos se convierten en las elegidas por los adultos cuidadores que observan el cansancio de los chicos.
Medicación y alimentos hacen posible sostener la vida en tiempos donde el mercado se hace cargo del biopoder. Imperativo del placer, culto al cuerpo, más fuerza y más energía, velocidad y una supuesta libertad de elegir todo, son los valores que proponen las tramas de los consumos culturales.
Medicalización y más fuerza
Nuevos modos de control a través de la atención, modos de habitar la simultaneidad y el instante presente, una nueva sensibilidad conectiva, la demanda de más velocidad sin interrupción, los automatismos y el pensamiento computacional, el contacto con las pantallas en contextos de precariedad de los vínculos de cercanía, gammificación de la vida cotidiana, autogobierno y gubernamentalidad algorítmica, física cuántica, cálculo probabilístico, monetización del tiempo de ocio, resiliencia y deuda, son algunos de los significantes que nos llevan a pedirle a los saberes del cuerpo cuestiones acerca de la piel, la sensopercepción, el toque y el contacto, el movimiento y la quietud, el tiempo para la respiración y la escucha.
Nunca tan vigentes las luchas de la expresión corporal, eutonía, la danza terapia, el aguahara, la sensopercepción, la flexibilidad, la danza armonizadora, la esferokinesia, la improvisación y todas las experiencias que se tomaron un tiempo de interrupción para la escucha y los deseos del cuerpo.
Cuando sostener la vida es hoy un objetivo del biopoder contemporáneo, el cuidado de la vida, en cambio, quizá nos demande prestar atención para ampliar los horizontes de lo sensible.